Reflections from Abara Intern, Clara Duffy

Reflections from Abara Intern, Clara Duffy

Friends of Abara,

My name is Clara Duffy and I’ve been completing a grad school field placement this semester with Abara and Ciudad Nueva.

I remember the first time I sat down to talk with our director Sami about the semester. We outlined a few areas I could focus on, like resource development, newsletter support, admin help, donation processing. In the midst of nodding and typing it all out for my professor, I hear Sami say: “Well, all of this could change suddenly if MPP (also known as Remain in Mexico) is lifted. If the new administration begins to process all of the individuals and families waiting in Mexico (asylum seekers), you could have a completely different semester.” I look up from my typing to see Sami staring wistfully into the middle distance and wonder what will happen in the next few months.

A few days after that conversation, new enrollments into MPP ended, and on March 3rd, we received an email: In the order in which they first enrolled, asylum seekers under MPP would be released to family and friends in the US, that is, allowed to continue with their asylum cases on US soil. Abara staff would be part of the team welcoming them at the Port of Entry. My first shift, I rode with Blanca, who brought balloons and a poster that said “BIENVENIDOS AL EEUU!”. She knew that some of the ladies from her sewing workshop in a shelter in Juárez would be coming through that day. I’d been to the workshop with her a few times, but I knew I couldn’t understand what it had been like to wait with them. I’d arrived in El Paso at the very end of 2 years of MPP, and at the Port I was getting to see the sweet relief on the faces of families walking onto US soil to balloons and flowers. But there’s something I was missing, because I’d arrived for the party but witnessed little of the uncertainty, restlessness, and sometimes cruelty families experience living two years in a crowded shelter.

But somehow I was there. And I met the loveliest people doing Port of Entry Welcome. I got to know Jesuits, Maryknoll sisters, lawyers, journalists, relief workers, other social workers, volunteers. We’d stand in bright yellow vests in front of the doors and watch people come out squinting through face shields, clutching toddler’s hands and papers and suitcases and we’d clap and cheer and say “Bienvenidos, ya están aquí!” We’d ask if they needed shelter, if they had plane tickets or bus tickets, if they had someone picking them up. We’d point to where they should walk for a taxi or to walk them to the shelter bus or to the print station to get their temporary passports. We’d carry bags and ask where they were from and where they were going and how long they’d waited.

From some of the organizations involved and the people that show up for Port welcome, I got to learn about the concept of “accompaniment”, which comes from Catholic social teaching. Rafael Padilla describes accompaniment as “walking together in solidarity which is characterized by mutuality and interdependence.” It’s a being with instead of ministering to or, in my discipline of social work, intervening or serving a client. Welcoming at the port, or coordinating travel from a shelter or walking with someone to the notary or waiting with someone for a family member that got stopped by ICE–it was all more accompaniment than it was direct service. It was standing around and making jokes, or carrying a bag or pointing in the right direction. And when we parted ways it was saying Que le vaya bien (may all go well with you) and Dios te bendiga (God bless you) and Suerte (good luck). 

What I’ve learned in accompanying asylum seekers, in the small ways and for the short time that I have, is that social work can teach you theories and give you tools and great guidance about working with people who are in vulnerable situations, but when I really get in front of someone who’s hurting and tired and relieved and overwhelmed, all I can offer them is the recognition that our humanity is shared, that their suffering is meaningful, that I see them and I’ll walk with them for the little bit that I can. It’s eye contact and an elbow bump or waving and smiling behind a mask. And really seeing another human, it’s like seeing the face of God, I swear. That’s not me, that’s Victor Hugo. But I’ll leave you with this: Welcome the stranger. You, too, are the stranger. 

Amigos de Abara,

Mi nombre es Clara Duffy y he estado completando una práctica para mi maestría en trabajo social este semestre con Abara y Ciudad Nueva.

Recuerdo la primera vez que me senté a hablar con nuestro director Sami sobre el semestre. Discutimos sobre algunas áreas en las que podría centrarme, como el desarrollo de recursos, el soporte de boletines, la ayuda administrativa, el procesamiento de donaciones. En medio de asentir y teclear todo para mi profesor, escuché a Sami decir: “Bueno, todo esto podría cambiar repentinamente si se levanta el MPP (también conocido como Permanecer en México). Si la nueva administración comienza a procesar a todas las personas y familias que esperan en México (solicitantes de asilo), podría tener un semestre completamente diferente “. Mientras escribo, levanto la mirada para ver a Sami mirando con nostalgia a la distancia y me pregunto qué pasará en los próximos meses.

Unos días después de esa conversación, finalizaron las nuevas inscripciones en MPP, y el 3 de marzo, recibimos un correo electrónico: En el orden en que se inscribieron por primera vez, los solicitantes de asilo bajo MPP serían entregados a familiares y amigos en los EE. UU., Es decir, se les permitió continuar con sus casos de asilo en suelo estadounidense. El personal de Abara sería parte del equipo que les daría la bienvenida en el Puerto de Entrada. En mi primer turno, fui con Blanca, quien trajo globos y un cartel que decía “¡BIENVENIDOS AL EEUU!”. Sabía que algunas de las damas de su taller de costura en un albergue en Juárez pasarían ese día. Yo había estado en el taller con ella varias veces, pero sabía que yo no podía entender cómo había sido ( maybe like: estar con ellas en la espera) esperar con ellas. Llegué a El Paso al final de  estos 2 años de MPP, y en el puerto de entrada, estaba viendo el dulce alivio en los rostros de las familias que caminaban por suelo estadounidense recibidos con globos y flores. Pero hay algo que me faltaba (o sentía que me faltaba), porque había llegado para la fiesta pero presencié poco de la incertidumbre, la inquietud y, a veces, la crueldad que experimentaron las familias al vivir dos años en un albergue abarrotado.

Pero de alguna manera estaba allí. Y conocí a las personas más encantadoras haciendo turnos en “Port of Entry Welcome.” Conocí a jesuitas, hermanas Maryknoll, abogados, periodistas, trabajadores humanitarios, otros trabajadores sociales, voluntarios. Nos parábamos con chalecos amarillos brillantes frente a las puertas y veíamos salir a la gente entrecerrando los ojos a través de los protectores faciales, agarrando las manos de sus hijos, los papeles y las maletas y aplaudíamos y los animabamos y decíamos “¡Bienvenidos, ya están aquí!” Les preguntamos si necesitaban refugio, si tenían boletos de avión o de autobús, o si alguien los recogía. Les indicamos dónde deben caminar para tomar un taxi o acompañamos hasta el autobús del albergue, o la estación de impresión para obtener sus pasaportes temporales. Llevábamos maletas y les preguntamos de dónde eran, adónde iban y cuánto tiempo habían esperado.

De algunas de las organizaciones involucradas y de las personas que se presentan a la bienvenida en el puerto, pude aprender sobre el concepto de “acompañamiento”, que proviene de la doctrina social católica. Rafael Padilla describe el acompañamiento como “caminar juntos en solidaridad que se caracteriza por la reciprocidad y la interdependencia”. Es un estar con en lugar de ministrar o, en mi disciplina de trabajo social, intervenir o servir a un cliente. Dar la bienvenida en el puerto, o coordinar el viaje desde un albergue o caminar con alguien al notario o esperar con alguien por un miembro de la familia que ICE detuvo, fue más un acompañamiento que un servicio directo. Fue estar parado y hacer bromas, o llevar una maleta o señalar en la dirección correcta. Y cuando nos separamos, estaba diciendo Que le vaya bien y Dios te bendiga y suerte. 

Lo que he aprendido al acompañar a los solicitantes de asilo, en las pequeñas formas y por el poco tiempo que tengo, es que el trabajo social puede enseñarte teorías y darte herramientas y una gran orientación sobre cómo trabajar con personas que se encuentran en situaciones vulnerables, pero cuando realmente me pongo frente a alguien que está sufriendo y cansado y aliviado y abrumado, todo lo que puedo ofrecerle es el reconocimiento de que nuestra humanidad es compartida, que su sufrimiento es significativo, que le veo y caminaré con él o ella por lo poco que puedo. Es el contacto visual y un saludo con el codo o sonreír detrás de un cubrebocas. Y realmente ver a otro humano, es como ver el rostro de Dios, te lo juro. Esto no lo dije yo, lo dijo Victor Hugo. Pero te dejo con esto: dale la bienvenida al extranjero. Tú también eres el extranjero.

1 thought on “Reflections from Abara Intern, Clara Duffy”

  1. Thank you for sharing this, Clara! I love this! Your description is so warm and vivid that I feel like I was there with you. Because of your willingness to be incarnational and witness Christ in the stranger, you have a beautiful testimony. We in the church are grateful for you. Dios te bendiga.

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